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Iconoclastia
La brutal y fanática decisión de
los talibán afganos de destruir los dos
grandes budas del acantilado de Bamiyán
no es ni nueva ni única a lo largo de la
historia de la Humanidad y la justificación
suele ser la misma. Los dirigentes religiosos
afganos aseguran que la eliminación de
las estatuas debe hacerse "para evitar que
nadie pueda cometer la aberración de adorarlas".
Una expresión de primitivismo y, a la vez,
una interpretación literal de un precepto
islámico que prohíbe tanto el culto
a las imágenes como su existencia. Por
eso no hay ni pintura ni escultura islámicas,
mientras que existen un gran desarrollo de las
artes decorativas y de la arquitectura.
El problema dimana ya de la Biblia. Cuando Moisés
descendía del Sinaí con las Tablas
de la Ley, observó como su pueblo, cansado
de esperarle, había fundido un becerro
de oro y lo festejaba. El becerro fue destruido
y los hebreos nunca más tallaron o representaron
formas humanas o animales, teniendo en cuenta
que en numerosas religiones antiguas las deidades
adoptaban no sólo formas antropomórficas,
sino también animales (en el Egipto faraónico:
Horus=el halcón; Hator=vaca; Apis=buey,
Annubis=perro... ).Por eso, las manifestaciones
artísticas del pueblo judío son
insignificantes.
Los musulmanes adoptaron muchas cosas de la Biblia.
Moisés, por ejemplo, es uno de sus profetas
y el episodio del becerro de oro del Sinaí
les es bien conocido y de ahí dimana la
prohibición de las representaciones divinas
con formas materiales e, incluso, toda figuración
antropomórfica.
Incluso el cristianismo tuvo momentos de radicalizaciones
iconoclásticas. Muchos relieves egipcios
de época faraónica se han perdido
porque los cristianos -y, luego, los musulmanes-
se dedicaron a machacarlos. Esto fue más
radical en el mundo bizantino, que, incluso, padeció
la herejía iconoclasta en los siglos VIII
y IX. La Iconoclastia condenaba la existencia
de las imágenes y se dedicó a destruirlas,
a perseguir a sus poseedores y el asunto llevó
al Imperio al borde de la guerra civil.
El problema de los talibán es que el integrismo
les ha convertido en unas fanáticos similares
a aquellos energúmenos medievales; por
otro lado, son igual de primitivos, pues Afganistán
en muchas cosas sigue sumergido en la Edad Media.
David Solar
Director de la Revista
"La
Aventura de la Historia"
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