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Frohe
Weihnachten!
Espiritual y musical, la Navidad
austriaca prolonga durante cinco semanas las celebraciones
que conmemoran el nacimiento del Niño Jesús.
La madera, la nieve, el olor a ponche y el vals
tranforman en un cuento al país alpino durante
estos días de invierno.
Mercadillos por doquier
Mayores y pequeños
pasan las semanas previas a Navidad visitando los
más clásicos mercadillos de Navidad
de Europa,
que suelen permanecer
abiertos hasta el día de Nochebuena. Entre
aromas de ponche, castañas asadas y azúcar
no hay quien se resista a llevarse a casa todos
los adornos navideños. El
más tradicional se levanta ante el Ayuntamiento
de Viena, presidido por un abeto gigantesco que
cada año llega de un rincón distinto
del país.
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| © EPA |
Adornos para todos
Viena empieza a preparar sus
fiestas con tiempo, por eso días antes de
la Nochebuena se organizan talleres para que los
niños hagan con sus propias manos los adornos
navideños que colgarán de sus árboles
de Navidad.
El Niño Jesús
y su pandilla
En Austria los regalos
de Navidad no los trae Santa Claus, sino un niño
rechoncho de rubios cabellos rizados, el Niño
Jesús, que baja del cielo con su banda de
ángeles cada Nochebuena para traer concordia,
amor y algunos regalitos a los niños y mayores
que se han portado bien.
Vals para despedir el año
Mientras las campanas
de la catedral de Viena tañen los últimos
toques del año miles de personas bailan el
vals en plena calle. Las orquestas, las casetas
de vino caliente y champán y la música
son los mejores antídotos contra el frío
en esta noche tan especial. Los que prefieran un
ambiente más sofisticado pueden optar por
el famoso baile del emperador en el Palacio Imperial
de Viena.
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