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| SALAMANCA
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| ALOJAMIENTOS RECOMENDADOS |
LA ALBERCA:
Hotel
Doña Teresa
En
La Alberca las gentes se siguen levantando con el canto del
gallo y algunas mujeres visten aún con amplias sayas.
Al anochecer el pregonero pasea por las calles medievales, entre
casas adornadas por balcones de madera, esquinas de cantería,
vigas a la vista y rejas de forja. El Hotel Doña Teresa
es un auténtico cuatro estrellas en este pueblo en el
que la calidad y la comodidad se dan la mano con el pasado.
ALDEADÁVILA DE LA RIBERA: Centro
de Turismo Rural Rinconada de los Arribes
Aldeadávila
de la Ribera es el núcleo de población más
importante de las Arribes del Duero. Su caserío, un poco
desgarbado y grandote, como un adolescente al que la ropa le
viniera pequeña, se encuentra lejos de todo, a más
de una hora en coche desde la capital salmantina. En el centro
de Aldeadávila las hermanas Andrés miman el Centro
de Turismo Rural La Rinconada de las Arribes.
BÉJAR: La
Casa inglesa del Castañar
Los
muebles antiguos, el piano, la chimenea, la biblioteca con libros
en inglés y español y el jardincito, han logrado
crear un ambiente en el que uno no sabe muy bien si está
en la campiña inglesa o en plena sierra de Béjar.
El ambiente es familiar y con esa calidez que sólo tienen
los hoteles de campo británicos, para hacer honor a su
nombre.
EL CABACO: Hospedería
del Santuario de la Peña de Francia
Aupado
en la cumbre de la Peña de Francia se encuentra el santuario
de la virgen del mismo nombre, destino de peregrinos desde el
siglo XV. La hospedería, levantada entonces para alojarlos,
es propiedad de los frailes dominicos. El enclave, al que se
llega tras remontar una lazada de curvas, es espectacular aunque
casi siempre se encuentre acosado por las tormentas, el viento
o las bandadas de mosquitos.
CANDELARIO: Posada
de la Villa
Candelario
no esconde su vieja tradición chacinera. Aunque ya no
es lo que fue, no dejan de sorprender al andar por sus callejas
serranas esas familias de pueblo de toda la vida que hacen la
matanza para su consumo. Aquí se respira el olor a buena
comida de las cercanas Béjar y Guijuelo, en plena sierra
de Salamanca.
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