Ruta 24. De Freixo a Miranda Do Douro. El Duero como frontera
100 kilómetros aproximados
El
Parque Natural do Douro Internacional acompaña nuestro conducir por una
carretera que corre en paralelo al curso que sigue el río, remontando
el Duero por unos bellos parajes donde la naturaleza parece hablarnos en cada
kilómetro recorrido. Al final, nos espera Miranda, población donde
se habla el dialecto leonés llamado “mirandés” y donde
los hombres bailan la danza guerrera de los “pauliteiros”.
La EN 221 es nuestra compañera de viaje durante esta ruta, y sólo
en ocasiones puntuales nos saldremos de su itinerario serpenteante para adentrarnos
en aldeas que parecen adormecidas por las aguas del Duero. Comenzamos a remontar
el cauce encajonado del río en Freixo de Espada à Cinta, población
que está ubicada en el extremo meridional del Parque Natural do Douro
Internacional, reserva que se creó en el año 1998.
Muy pronto tenemos que parar, pues el río nos reclama...
El mirador que existe antes de llegar a Mazouco nos muestra los interminables
peñascales que parecen proteger al Duero de no se sabe qué enemigo.
Imaginamos pequeñas embarcaciones recorriendo sus aguas, mientras al
otro lado sentimos la presencia de España, que parece saludaros con paredes
que incluso llegan a superar los 700 metros de altitud.
En Mazouco retiene nuestra atención un grabado rupestre
al aire libre: es el Cavalinho de Mazouco, que nada tiene que ver con el símbolo
mítico de Ferrari pero que nos invita a pisar el pedal. Sentimos el placer
de conducir. La carretera 221 prosigue su
recorrido curva tras curva, pareciendo tocar con sus “dedos” de
asfalto el azul del agua en Logoaça.
Cruzamos las vías de tren y, dejados atrás unos
ocho kilómetros, tomamos el desvío a Bruçó. Una
carreterita muy mal asfaltada es la vía de acceso a esta aldea, pero
merece la pena, ya que las vistas al pantano de Aldeiadavila son sensacionales,
igual que la “fotografía” que nos regalan los cielos surcados
por las águilas reales y de bonelli, los buitres, los grajos y las cigüeñas.
Ellos, desde allá arriba, vigilan estos territorios.
De nuevo en la EN 221 proseguimos nuestro viaje con dirección
a Mogadouro, villa de origen árabe que se asienta sobre una sierra. En
estos cerros la caza tiene un hueco, ya que hay una enorme cantidad de conejos,
perdices, liebres y jabalíes. Mogadouro es el punto más alejado
del Duero, pero la carretera pronto vira con dirección este, dejando
atrás caminos rurales, aldeas y pequeños riachuelos en busca del
Duero.
Los olivares y viñedos que encontramos al inicio de nuestro
viaje son sustituidos en este tramo final del recorrido por bellos bosques de
almendros, sabinas, alcornoques y robles. Sendim, Fonte de Aldeia, Duas Igrejas,
Cercio y Vale de Mira son las últimas poblaciones que encontramos antes
de llegar a Miranda do Douro. Una zona de camping, aprovechando los remansos
del río, constituye un lugar perfecto para descansar del viaje, aunque
antes hay que ver también algunos de los atractivos monumentales de la
ciudad. La catedral, con la imagen del Menino Jesús da Cartolinha, las
ruinas de su castillo y los restaurantes, donde sirven la carne de ternera de
Miranda con denominación de origen protegida, hacen que nos llevemos
un buen recuerdo de esta ciudad fronteriza.