Ruta 37. De Guimarães a Felgueiras. La cuna de Portugal
100
kilómetros aproximados
La
Historia narra el pasado glorioso de Guimaraes, ciudad que el primer rey de Portugal,
Dom Afonso Henriques, convirtió en capital del país en el siglo
XII. Hoy en día, al andar por su casco antiguo todavía se pueden
contemplar las huellas del esplendor que mantiene desde hace más de 850
años. Por eso, la UNESCO clasificó a Guimaraes como Patrimonio de
la Humanidad.
Al llegar a Guimaraes,
es imposible evadirse del “aroma” que rodea a las calles medievales
de la ciudad. Aquí nació el primer rey del país y aquí
tuvo también su cuna el dramaturgo Gil Vicente. Paseando por los “largos”
de Oliveira y Toural, así como por la plaza de Santiago se puede apreciar
que aquí el tiempo no tiene prisa. En los balcones de madera de las casas
parece que la historia se ha detenido.
Las murallas y el
castillo guardan el origen de la nacionalidad portuguesa, así como la iglesia
de San Miguel del Castillo, donde se encuentra la pila románica en la que
fue bautizado Dom Afonso Henriques. Numerosas iglesias, como Nossa Senhora da
Oliveira, Santo Domingo, Sao Torcato o Sao Marinho de Candoso, mezclan los estilos
arquitectónicos, desde el románico al mudéjar, desde el barroco
al neoclásico.
Una
vez que hemos pernoctado en Guimaraes, llega la hora de “echarse”
a la carretera. Al sur de la ciudad sale la pequeña carretera que asciende
el Monte da Penha, en cuyas faldas se encuentra el monasterio de Santa Marinha
da Costa que ha sido adaptado a Pousada. Aunque se puede acceder también
por teleférico, es preferible hacerlo por carretera, disfrutando de los
frondosos bosques, de los arroyos y los peñascos que acompañan nuestro
viaje. En la cima del Monte nos esperan unas fabulosas vistas de Guimaraes.
La
EN-101, con dirección a Braga, nos lleva desde Guimaraes hasta Caldas das
Taipas, un reclamo para todos aquellos que adoran el descanso. Y es que a orillas
del río Ave, en un fabuloso entorno natural, estas termas tienen unas aguas
con unas fabulosas propiedades terapéuticas. A través de la N-310,
conducimos en paralelo al Ave, dejando atrás la fértil vega del
río. Se coge la N-206 que va hasta el cruce con la A3-IP1. Al otro lado
de la autopista, siguiendo por la misma 206, llegamos a Vila Nova de Famalicao.
Vila
Nova es un gran centro de industria textil, pero junto a los signos del desarrollo
moderno también hay restos del pasado, como los de la antigua calzada romana.
La A3-IP1 nos lleva hasta el desvío de la N-100, con dirección a
Santo Tirso. Los kilómetros han pasado deprisa y por fin llegamos a Santo
Tirso, población de origen romano que debe su nombre al monasterio benedictino.
Entre
colinas y bosques, Santo Tirso muestra a todos sus visitantes, además del
monasterio citado, la iglesia de San Pedro (siglo XIII) y el relajante parque
de D. Maria II. Desde Santo Tirso,la carretera que sube hasta el Monte Córdova
nos permite llegar al santuario de Nuestra Señora de la Asunción
y contemplar las vistas que hay desde el mirador.
Descendemos
hasta Santo Tirso, donde se coge la N-105 con dirección a Rebordoes. Una
pequeña carretera local va hasta Caldas de Vizela, otro centro termal al
que acuden numerosas personas buscando las aguas del Vizela para curar sus enfermedades
reumáticas. Siguiendo por la carretera local que pasa por Regilde y Lagares,
se llega a la EN-101. En apenas dos kilómetros, la iglesia parroquial de
Felgueiras nos avisa de que estamos llegando al final de la ruta. Ya sólo
queda ascender hasta el monte de Santa Quitéria, donde está el santuario
de igual nombre.