Ruta 46. De Chamusca a Abrantes. Entre el Tajo y el Zêzere
50 kilómetros aproximados
Cuenta
la leyenda que un buen día una mujer de Galicia abrió una casa
de alojamiento en unas tierras que estaban próximas al Tajo, y desde
aquel momento aquello se llamó “Venda da Galega”. Era el
origen etimológico de la actual Golega, villa famosa por celebrarse aquí
todos los meses de noviembre la Feria Nacional del Caballo. Constância,
villa donde vivió Luis de Camoes, y Abrantes, con su iglesia de Santa
María do Castelo, también merecen una parada.
Recostada sobre la orilla izquierda del río Tajo, Chamusca es la población
que sirve de inicio para esta ruta. La N-118 nos ha traído hasta aquí
atravesando las productivas tierras agrícolas del Ribatejo, donde los
cereales pueblan el paisaje y, de vez en cuando, algún tractor se cruza
en nuestro camino. En Chamusca destaca sobremanera su iglesia “matriz”,
que tiene un pórtico de estilo manuelino y un bello conjunto de azulejos
verdes y blancos.
Desde Chamusca recorremos los cuatro kilómetros, a través
de la 118, que nos separan del puente sobre el río Tajo. Cruzamos a la
otra orilla y seguimos el trayecto que nos marca la N-243 para llegar a Golega,
una villa conocida en todo el país por celebrarse aquí, desde
mediados del siglo XVIII, una feria donde el caballo es el protagonista. Aunque
el espectáculo se celebra en la primera quincena de noviembre, da igual
cuando se venga a Golega porque esta villa rinde, de manera perenne durante
todo el año, culto al caballo lusitano. Aquí todo gira alrededor
de los equinos, desde el Largo do Arneiro al picadero Lusitanus. Por algo será
que Golega es la “Capital do Cavalo”...
La iglesia de Nuestra Señora de la Concepción,
un notable ejemplo del estilo arquitectónico que Dom Manuel creó
en Portugal nos despide de Golega. Siguiendo por la 243 llegamos hasta la autovía
IP6, aunque proseguimos nuestro recorrido hasta Torres Novas, población
que se sitúa en los márgenes del río Almonda. El castillo
y un conjunto de iglesias del siglo XIII “regalan” a Torres Novas
un interesante patrimonio arquitectónico.
Desde Torres Novas volvemos al cruce con la autovía,
si bien en este punto tomamos el desvío hacia Entroncamento. Árboles
centenarios acompañan nuestro viaje hasta esta localidad que pasa por
ser un cruce de caminos y que está repleta de zonas verdes, como el jardín
Pereira Caldas y el Parque Bonito.
La carretera secundaria que va hasta Vila Nova da Barquinha
nos acerca de nuevo al Tajo. El río más largo de la Península
nos sorprende con el castillo de Almourol, que está enclavado en un islote
en medio de su cuenca fluvial. La impresionante Torre del Homenaje recuerda
los lejanos tiempos del siglo XII en que fue habitado por Gualdim Pais, maestre
de la Orden de los Templarios. De vuelta a nuestro siglo, se puede acceder al
castillo a través de embarcaciones turísticas.
Proseguimos
el viaje en paralelo al río Tajo hasta llegar a Constância, villa
donde el río Zêzere es absorbido por el Tajo. Pero, aún
hay más, ya que cualquier rincón de Constância nos recuerda
el paso de Camoes, quien cantó en su obra los atractivos naturales de
esta villa. Sus jardines, sus huertos, sus plantas, sus casas y sus calles hacen
revivir al escritor.
La carretera 3 va en paralelo a la autovía, aunque a
la altura de Rio de Moinhos ya se desvía hacia Abrantes, ciudad ribereña
del Tajo y cargada de historia. Desde la Torre del Homenaje de su castillo se
disfruta de unas vistas inolvidables del río. Es uno de esos recuerdos
que jamás se olvidan... La iglesia de Santa María, que se alza
en el interior de la fortificación, representa el triunfo del gótico,
el mejor colofón posible para esta ruta.