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«¿Cómo sería mi albergue ideal?».
Elisa Morillo se hizo esta pregunta después de recorrer
medio mundo con su mochila y tras haber conocido albergues
de todo pelaje. De vuelta en Madrid echó en falta este
tipo de alojamiento y abrió uno de los primeros de
sus características, 'Los Amigos Ópera',
en Campomanes 6.
Fue tan bien acogido que Elisa abrió un segundo establecimiento
incorporando las mejoras del primero en 'Los Amigos Sol',
y eso se nota. Todo está tan nuevo (abrió
en junio de 2004) y se ha puesto tanto cuidado en los detalles
que cuesta ponerle pegas.
La amplitud y la luminosidad son características
inesperadas en un piso del siglo XIX en el corazón
de Madrid. Pero gracias a la buena distribución de
las estancias y el uso de colores vivos se ha logrado
este efecto, ayudado por la orientación del piso hacia
el sur y sus numerosas ventanas.
Las diez habitaciones, todas con literas, tienen tamaños
variables según su capacidad (de cuatro a 12 personas)
pero en todos los casos son muy espaciosas y agradables
gracias al color naranja de las paredes, las novísimas
literas amarillas y la abundante luz natural. En el cuarto,
cada huésped dispone, además de su litera, de
sábanas y edredón (el albergue tiene
la peculiaridad de presentar la cama hecha) una lámpara
individual y una taquilla de generosas proporciones.
El salón común compensa su pequeño
tamaño con una decoración muy acogedora que
favorece el nacimiento de nuevas amistades. Cuenta con una
chimenea, una televisión, un equipo de música
y cómodos sillones. El comedor está
dotado con dos frigoríficos, dos fregaderos y dos
cocinas: todo doble para evitar las colas en las horas
de máxima asistencia. Allí se ofrece el desayuno,
justo pero mejorable.
Los baños, como la cocina, están muy
limpios. Tal vez el número de duchas sea un
poco escaso si el albergue está lleno, un problema
que se puede evitar si se reserva plaza en una de las dos
habitaciones con baño propio.
Además de las instalaciones, claramente por encima
de la media, el punto fuerte de 'Los Amigos Sol' es su
situación en pleno centro y, sobre todo, la profesionalidad
de sus gestores, que garantiza el buen ambiente entre
una clientela formada por trotamundos que saben muy bien cómo
comportarse en un albergue.
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