|
En el corazón de la 'movida' gay madrileña
se encuentra uno de los pocos albergues juveniles que
existen en Madrid capital. Este hospedaje para mochileros
está ubicado en el segundo piso de un edificio antiguo
(con ascensor) recientemente reformado.
El albergue Barbieri es un lugar lleno de vida. Lo que más
llama la atención al entrar es la multitud de colores
que tiñe las paredes, las habitaciones y el mobiliario.
Un mural en uno de los largos y estrechos pasillos representa
el tradicional toro español junto al oso y el madroño,
el símbolo de Madrid.
Los dueños del albergue han tratado de dar mucha importancia
a los espacios comunes que disfrutan a diario los huéspedes.
Un 'living room' con conexión a Internet, televisión
con DVD y una pequeña biblioteca es un fiel testigo
del nacimiento de nuevas amistades entre los que allí
se hospedan. No faltan los muebles de Ikea
para decorar la sala.
Uno de los detalles más significativos es que el albergue
tiene una cocina de la que todos pueden disponer para
hacerse su propia comida. Como en casa. Microondas, sartenes,
vajilla, utensilios y nevera -en la que un cartel recuerda
que no metamos mano en la comida del compañero- pueden
hacer la estancia al viajero mucho más agradable, y
de paso, ahorrarle algún que otro euro.
Las habitaciones son amplias (menos la doble que es
un poco estrecha) y tienen taquillas para guardar los enseres
personales. Todas cuentan con aire acondicionado, algo
interesante sobre todo en las que tienen cabida para ocho
personas. La ropa de cama corre a cargo del albergue. Los
baños están junto a la cocina, uno para cada
sexo.
A las 11 de la mañana el albergue pide que los
huéspedes dejen vía libre para poder limpiarlo.
En general está bastante cuidado aunque le falta alguna
que otra mano de pintura en los techos.
Para los que les guste el cachondeo nocturno es una
zona ideal, llena de bares y locales de copas. Aunque si también
se pretende descansar, el albergue a partir de las 23 horas
impone las 'horas de silencio' que transcurren hasta
las 7 de la mañana (la recepción del albergue
está abierta 24 horas) respetando así a
los demás inquilinos del inmueble y a los propios huéspedes.
Lo peor del albergue es la poca luz natural que entra,
pues casi todas las habitaciones dan a patios interiores del
propio edificio. Lo mejor, un trato encantador por parte del
personal encargado y un ambiente genial para hacer amigos
y conocer Madrid.
|