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A escasos metros de la Gran Vía madrileña,
una de las arterias principales de la ciudad, se encuentra
este precioso hostal de dos estrellas, uno de esos
grandes desconocidos que todo viajero desearía descubrir.
La enorme puerta de madera que da a la calle ya sugiere parte
de lo que podemos encontrar en el interior. Una de las grandes
obras de rehabilitación está llevándose
a cabo en el edificio, e incluso en ella, Mario (arquitecto
y uno de los dueños del hostal), ha querido dejar su
toque personal en cuanto a los colores se refiere. Cabe decir
que también se está instalando el ascensor,
que según cuentan, será otra pequeña
maravilla.
Dentro del hostal la sensación es como de estar
en casa. Una preciosa chimenea con dos butacas dan la
bienvenida al huésped que para llegar hasta las estancias
ha de atravesar largos pasillos, casi interminables, en los
que se ha revestido el piso con corcho para hacerlo aún
más silencioso.
Las habitaciones son pequeños tesoros, a cada cual
mejor. Televisión, ventilador de techo, calefacción,
hilo musical, originales armarios y aún más
originales si cabe los baños, incluidos dentro de
una estructura traslúcida. Todas las habitaciones,
aparte del baño completo, tienen un lavabo y un espejo
junto a la cama. Todo un detalle. Las sábanas y
las toallas vienen incluidas en el precio.
En las habitaciones hay preciosos balcones que guardan
el encanto de lo antiguo, en los que se ha respetado la ventana
original y además se ha introducido una doble ventana
para aislarlo totalmente de los ruidos del exterior. Silencio,
calidez y buen gusto en la decoración, y hospitalidad,
son las claves del encanto de La Fontana.
Lo mejor de todo es que se encuentra en el corazón
de la ciudad, lo que le otorga un sinfín de
ventajas para el turista que quiera sacar el máximo
partido a su visita. Pese a la fama que pueda arrastrar el
centro de Madrid de inseguridad y actividades de alterne,
pasear por sus calles y alojarse en ellas no supone ningún
peligro para el viajero.
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